Si nos preguntaran cuál es el mayor error que puede cometer una escuela de música, probablemente nuestra respuesta sorprendería.
No hablaríamos del método, ni del repertorio, ni siquiera del nivel del profesorado.
Hablaríamos de algo mucho más profundo: confundir el objetivo de la enseñanza musical.
Porque una escuela puede conseguir que sus alumnos toquen muchas obras, aprueben exámenes o den conciertos… y, aun así, no estar formando verdaderos músicos.
Cuando el objetivo es terminar la siguiente pieza
Es fácil caer en esa dinámica: el alumno termina una obra. Empieza otra. Después otra más…
Y así durante años.
Desde fuera parece que existe un progreso constante.
Pero conviene hacerse una pregunta incómoda: ¿está aprendiendo realmente o simplemente está acumulando repertorio?
Son dos cosas muy distintas.
Un músico vale mucho más que su repertorio
Imaginemos dos alumnos. El primero ha aprendido veinte piezas. El segundo solo diez.
A simple vista podríamos pensar que el primero ha avanzado más.
Pero ¿qué ocurriría si ambos recibieran una partitura completamente nueva?
¿Quién leería mejor? ¿Quién comprendería antes la estructura de la obra? ¿Quién resolvería con mayor autonomía los problemas técnicos? ¿Quién sería capaz de estudiar sin depender continuamente del profesor?
Ahí es donde aparece la verdadera diferencia.
Porque el repertorio es el resultado del aprendizaje. No el aprendizaje en sí.
Las obras son herramientas, no medallas
En Global Piano Studio disfrutamos preparando conciertos y exámenes. Nos encanta ver a nuestros alumnos interpretar nuevas piezas.
Pero nunca olvidamos que cada obra tiene un propósito educativo.
Una pieza puede enseñarnos a hacer «cantar» una melodía. Otra, a controlar el peso del brazo. Otra, a mejorar su articulación staccato. Otra, a desarrollar la lectura. Otra, a descubrir un nuevo estilo musical.
Cuando termina ese aprendizaje, la pieza ya ha cumplido su misión.
Lo importante es que el alumno conserve aquello que ha aprendido gracias a ella.
Aprender para no depender
Nuestro mayor éxito no es que un alumno toque muy bien una obra. Es que cada vez necesite menos ayuda para aprender la siguiente.
Cuando un estudiante empieza a detectar sus propios errores, organiza mejor su práctica, comprende lo que está leyendo y toma decisiones musicales con criterio, sabemos que está creciendo.
No solo como pianista. Sino como músico.
Y esa autonomía vale mucho más que cualquier lista de piezas aprendidas.
Lo urgente y lo importante
En educación ocurre algo parecido a lo que sucede en muchos otros ámbitos de la vida: lo urgente suele imponerse a lo importante.
Preparar el concierto. Llegar al examen. Acabar el libro. Montar la siguiente obra.
Todo eso es necesario.
Pero si solo pensamos en el próximo objetivo inmediato, corremos el riesgo de olvidar el más importante de todos: formar personas capaces de seguir aprendiendo durante toda su vida.
Nuestra manera de entender la enseñanza
Quizá por eso, cuando elegimos una nueva obra para un alumno, la primera pregunta nunca es: «¿Qué pieza le toca ahora?»
La pregunta es esta: «¿Qué necesita aprender en este momento?»
La respuesta a esa pregunta determina el repertorio, la técnica, los ejercicios, el ritmo de trabajo e incluso la forma de acompañarle durante el proceso.
Porque creemos que enseñar piano no consiste en llenar una carpeta de partituras estudiadas. Consiste en construir, poco a poco, un músico capaz de comprender la música, disfrutarla y seguir creciendo sin depender siempre de un profesor.
Y cuando ese día llega, sabemos que nuestro trabajo ha merecido la pena.
