A todos los profesores nos gusta que nuestros alumnos vengan a clase sonrientes, dispuestos, concentrados y con toda su tarea bien hecha. Lamentablemente, esto no ocurre siempre. Por ello, comprender los entresijos de la motivación y saber cómo motivar a nuestros alumnos debe ser una parte esencial de nuestro trabajo.

Definiendo la motivación

Hay estudios que demuestran que los principales elementos que contribuyen al éxito académico son la inteligencia, la personalidad, las variables sociales y la motivación. Se ha comprobado, además, que la influencia de cada uno de estos elementos es similar. Por tanto, si la motivación juega un papel tan decisivo es fundamental saber cómo potenciarla y mantenerla a un alto nivel.

La motivación puede definirse como el conjunto de factores internos y externos que determinan las acciones de una persona. Pero si profundizamos en el asunto observaremos que en la motivación individual hay varias capas o estratos:

  1. La naturaleza de la actividad. En un contexto amplio (quiero aprender a tocar el piano) o más específico (quiero aprender a tocar una pieza concreta).
  2. La intensidad del interés que tiene el individuo por la actividad.
  3. El reconocimiento por parte del alumno de las consecuencias y beneficios que le reporta la actividad.

Por ejemplo, la motivación de un alumno podría ser:

  1. Quiero aprender a tocar el piano.
  2. Tengo muchas ganas de aprender a tocar el piano.
  3. Tengo muchas ganas de aprender a tocar el piano por la satisfacción que nos aportará a mí, a mis padres y a mis amigos. Quiero demostrar a todos de lo que soy capaz. Me gustaría poder acompañar a otros instrumentistas y cantantes.

Conocer y comprender la motivación de tus alumnos te ayudará a gestionar sus posibles altibajos y extraer de ellos su máximo potencial.

¿Cómo monitorizar la motivación de un alumno e incrementarla o suplementarla si fuera necesario?

Analiza individualmente a tus alumnos y pregúntate:

  • ¿Su práctica es regular y efectiva?
  • ¿Su actitud durante las clases es positiva?
  • ¿Responde rápida, razonada e inteligentemente a tus preguntas y comentarios?
  • ¿Se preocupa por corregir sus problemas posturales?
  • ¿Trae siempre sus partituras y su cuaderno a clase?
  • ¿Cuida su material?
  • ¿Demuestra interés y entusiasmo por participar en alguna actividad musical social?
  • ¿Alguna vez trabaja en casa más de lo que tú le has marcado?

Si todas (o casi todas) tus respuestas son afirmativas, estarás sin duda ante un alumno bien motivado. De lo contrario, te aconsejo que sigas las siguientes pautas:

  • Reconsidera tu actitud y tu forma de presentar cada nueva pieza o ejercicio.
  • Plantea cada nueva pieza o ejercicio de manera imaginativa y positiva.
  • Pregúntate si tu alumno disfruta con las tareas que le pones.
  • Muéstrate siempre entusiasta y alentador, pero reduce tu nivel de presión y expectativa cuando lo estimes oportuno.
  • No subestimes el poder del elogio: alaba con frecuencia el trabajo bien hecho, independientemente de la edad y nivel de tu alumno.
  • Recuerda: con planteamientos negativos solo obtendrás resultados negativos. Un comentario tipo: Tienes que estudiar las escalas o suspenderás tu examen no inspirará una respuesta positiva, aunque dicho examen sea el objetivo principal de tu alumno.

Consejos para potenciar la motivación de tus alumnos

  • Anímales a participar en actividades musicales (conciertos, festivales, concursos…). Son un medio ideal para centrar y dar mayor sentido a su trabajo, además de poderosas fuentes de motivación. Por otra parte, unirse a un grupo, orquesta o coro les dará la oportunidad de relacionarse con otros estudiantes con intereses comunes.
  • Muchas personas rinden más cuando tienen un objetivo concreto a la vista: un concierto, un festival o un examen. Si tienes alumnos con ese perfil, plantéales ese tipo de retos.
  • Algunos alumnos responden bien a la práctica (cómo han trabajado en casa), interpretación(cómo han tocado en clase) y progreso (en comparación con la clase anterior).
  • Un equilibrio adecuado entre el estudio de las piezas nuevas y el repaso de las preparadas anteriormente contribuirá a mantener un nivel saludable de motivación.

Expectativa y progreso

Asegúrate de que tus expectativas sean siempre claras y apropiadas para cada alumno. Si tu grado de expectativa es demasiado bajo, tu alumno se aburrirá, pero si es demasiado alto podría agobiarse o perder el interés. La clave consiste en plantear a los alumnos desafíos realistas de acuerdo a su nivel, de manera que puedan asimilarlos y progresar al máximo de su potencial.

Si a pesar de tus múltiples esfuerzos un alumno sigue aburriéndose y no muestra interés, recomiéndale que cambie de profesor (o de instrumento) o que interrumpa las clases, aunque sea temporalmente. De lo contrario, estarán malgastando su tiempo (y el tuyo), su energía y su dinero.

Y recuerda: nuestra aptitud influye en lo que somos capaces de hacer. Pero son nuestra motivación y nuestra actitud las que determinan lo que hacemos y lo bien que podemos hacerlo.

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